Ella se ha cansado de tirar la toalla. Ella, Bebe.
Avanzo y escribo, decido y camino. El Mareo, Bajofondo y Gustavo Ceratti.
"All I know is everything is not as it´s sold" (Todo lo que sé es que nada es como se vende) Try, Nelly Furtado)
Ella se ha cansado de tirar la toalla. Su trabajo en la fábrica ya no es lo que era. Solía pensar que lo mejor que podía pasarle en la vida era estar rodeada de algodones, de la suavidad de los hilos, del relieve de las inscripciones que se le grababa. Su labor era importante. Debía separar una toalla de la máquina, justo antes de que llegue a la máquina empaquetadora y lanzarla hacia el cesto que estaba a dos metros para que se evaluara la muestra. Cada partida que se cerraba debía tener una toalla en el canasto de los testeos.
Al principio le resultaba motivador. Había que tener un timing especial para tomar la toalla en el momento justo. 30 segundos antes y al retirarla se chocaba con la que venía por detrás y generaba un embrollo en la cinta. 25 veces le había pasado y unas 25 veces su jefe, El Pelado, le había gritado en 3 idiomas distintos (español, guaraní y portugués) para que todos lo entendieran. 30 segundos más tarde y era engullida por la máquina siguiente y desaparecía entre pegamentos y celofanes para terminar en una caja rumbo a algún lugar.
La sincronización para sacar la toalla no lo era todo. Lo más complejo era el encestado. Las primeras semanas tenía suerte si al tirarla quedaba enganchada de un borde. Luego fue afinando puntería y hoy ya podía presumir de tener mejor precisión en triples que Manu Ginobilli.
Ahora todo lo que la alentaba a hacer cada vez mejor su trabajo se había convertido en rutina y se cansó.
Se imaginó llegando a la oficina del Pelado y mientras se decía: Avanzo y escribo mi renuncia. Decido irme y camino a casa me compro un helado de vainilla y chocolate para celebrar mi valentía. Y mientras pensaba esto el timbre sonó. Había llegado su descanso.
La última toalla que tomaría de la cinta salió volando y sin siquiera tocar los bordes, ingresó limpiamente en el canasto. Al girar y mirar ese conglomerado de máquinas y personas asistiendo a las máquinas se dijo: Todo lo que sé, es que nada aquí es como se vende. Ni las toallas tienen puro algodón, ni el blanco es tan blanco ni las inscripciones resisten más de 1500 lavados. Y por supuesto su trabajo no cambiaría el mundo, por lo tanto allí debía terminar un ciclo.
Las toallas no la extrañarían, solo eran un vil producto, pero ella seguramente sueñe con ellas, en el aire, una o dos veces por semana.
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