El ejercicio era simple: Escribir sobre el primer personaje que apareciera en mi muro de facebook. Por esas cosas de la tecnología mi disparador (la primera foto que apareció) fue en realidad de dos personajes. Un padre y su hijo bebé, con una frase: "Es al revés, él me malcría a mi".
Alejandro no mira a Manuel. Todavía no sabe lo que le espera. Las incertidumbres, los miedos, la diversión, las emociones y el compartir. ¿De quien hablo? De los dos.
Él recién arranca y él también. Uno comienza a estrenar la paternidad, el otro comienza a estrenar su propia vida.
Cachetes prominentes y ojos oscuros de mirada significativa, los dos. El padre sonríe, lo muestra orgulloso. "Este es mi hijo muy querido en quien tengo puesta toda mi predilección"", podría estar diciendo. Mientras que el hijo, serio, todavía no conoce de convencionalidades fotográficas. Tiene toda una vida para aprender que el chís o el whisky y hasta el chinchulín significan: "Reite nene, reite que mami quiere publicar tu foto divina en facebook, así todos la envidian por el hijo amoroso que Dios le dio y ella creó".
Una foto. Padre e hijo. Como tantas otras del estilo se han sacado. Esta tiene un sentido distinto. Refleja no solo el amor de un padre a un hijo sino también todo lo que el padre recibe solo por ser solo eso: Padre de un cachetudo, de ojos oscuro, mirada seria y una vida por delante. Entonces comprendemos quién malcría a quién.
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